Dije a mi mano: arranca las ortigas
que junto de la fuente
aprisionan al mirto entre sus ligas.
Y mi mano obediente,
de raíz fue arrancando las ortigas.
Dije a mis ojos: cuando venga el sueño
a llamar esta noche aquí a mi puerta,
rechaza su beleño,
que si hoy quiero soñar, lo haré despierta.
Y en esa hermosa noche, en vez del sueño,
la luna entró por mi ventana abierta.
Dije a mi labio: pajarillo inquieto
que aprendiste ese nombre tan amado,
no lo repitas ya ni aun en secreto.
Y el labio enmudeció y está callado.
Y así de aquesta suerte,
como tan claro mi razón advierte
que al punto voy haciendo
todo lo que me place y voy queriendo.
Dije a mi corazón: olvida, olvida,
que libre de este amor ya quiero verte.
Y entonces ¡ay!, mi corazón me dijo:
vano será tu afán, vano y prolijo;
no pretendas luchar, serás vencida,
yo te domino a ti, yo soy el fuerte
mientras vayas errante por la vida,
al yugo de ese amor irás uncida;
si quieres olvidar, dame la muerte.
María Enriqueta.